En esta novela histórico-biográfica se nos invita a agotar el destino más allá del arquetipo. Conocer por dentro a René Descartes y a los pensamientos que estaban en las espaldas de sus gestos tópicos, es descubrir y sorprendernos. Visitar su infancia, su adolescencia y la juventud de sus tres sueños es una liberación. La buena voluntad de la vida al nacer no le evitó a René Descartes las guerras, las inseguridades, las contradicciones, las traiciones, el exilio y la incomprensión. Mas no perdió nunca su gran sentido del humor y se enfrentó a los hechos con un inteligente sarcasmo. Fue un contumaz adepto de la ilustración de la mujer. Sus obras, su vida e incluso su muerte fueron anatemizadas. Amó y fue amado. Sufrió recónditas perdidas afectivas. Fue víctima de la envidia y de la consecuente corrupción que siempre la acompaña. Al identificarnos con su destino, irremediablemente, nos encontramos frente a frente con nuestras pasiones, con nuestras dudas y con el pensamiento de la existencia, tan evidente como misterioso. Y es entonces cuando lo irreparable se nos antoja útil y nuestras vidas una hermosa divagación del destino.