En La última aspa roja, continuación de La barca del portugués, el autor retoma el pulso a la narración y nos conduce por la continuación de ese momento, en el estrecho pasillo que separa estos dos mundos en el que, aunque resueltos a no entenderse, algunos comienzan a aceptar que están condenados a encontrar ese entendimiento.
En contra de lo que pueda intuirse, La última aspa roja no pretende ser una novela de ficción política, sino contar la peripecia de un grupo variado de personas a quienes, de súbito, se les ha hundido el suelo que tenían bajo sus pies y se encuentran cayendo en el vacío, a la búsqueda de otro suelo. Este futuro, más o menos probable según opiniones, pero en ningún caso imposible, es por el que navegan hacia un océano desconocido todos los protagonistas, en un río al principio turbulento y después más tranquilo, pero siempre sinuoso, en cuyos meandros van dejando sus recuerdos, su pasado y su nostalgia de una vida que se construyeron con sus esfuerzos y sus sueños, pero que ya nunca reencontrarán.